El barrio de la hidalguía: arquitectura, historia, centralismo y clasismo

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El barrio de la hidalguía: arquitectura, historia, centralismo y clasismo

Un recorrido peculiar del emblemático barrio El Prado, analizando el por qué su arquitectura e historia influenciaron en la promulgación de la estrat

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Un recorrido peculiar del emblemático barrio El Prado, analizando el por qué su arquitectura e historia influenciaron en la promulgación de la estratificación social y su impacto actual en Barranquilla.

En el corazón de Barranquilla, con un diámetro de 16 por 8 cuadras, entre las carreras 50 y 60 y entre las calles 53 y 75 desde el siglo XIX se yergue el Barrio El Prado, un testigo si- lencioso de la mítica y contro- versial  historia  colombiana.

Diseñado por Karl y Robert Pa- rrish, El Prado fue el primer proyecto urbanístico estructu- rado en el país, planteándolo como una urbe moderna con inspiración de las residen- cias estadounidenses de las clases más altas, buscando crear una joya habitacional que potencie el auge económi- co y comercial que tenía Ba- rranquilla por aquellos años.

Diseñado por Karl y Robert Pa- rrish, El Prado fue el primer proyecto urbanístico estruc- turado en el país, planteándolo como una urbe moderna con inspiración de las residencias estadounidenses de las cla- ses más altas, buscando crear una joya habitacional que potenciara el auge económi- co y comercial que tenía Ba- rranquilla por aquellos años.

Con un estilo fusión entre el Art Nouveau, neoclásico, mo- dernismo, barroco, y muchos otros, el Barrio de El Prado con su diversidad estructural en sus grandes mansiones y jar- dines, albergó a familias muy influyentes de la época, ya sean los De la Rosa, Mouradian, La- faurie, entre otros. Asimismo, esta parcela perfectamente urbanizada donde se albergan edificios como: Teatro Amira de la Rosa, la Casa Museo Ro- mántica, la Casa del Carna- val, la iglesia de San Nicolas, y el mítico Hotel de El Pra- do, también es considera- da un monumento nacio- nal desde 1993 por toda la historia que representa, como también por su belleza ar- quitectónica  y urbanística.

Belleza que no se trasladó al ámbito social, pues si bien “El Prado” es conocido por su aporte estructural, también lo es por una de sus característi- cas principales: ser el epicen- tro y cuna de la estratificación social en Barranquilla, pues implícitamente,  a  través  de su arquitectura fue capaz de segmentar a la sociedad, ava- lar el centralismo socio-políti- co y regirse como la urbe para unos cuantos que miraron y miran desde arriba a muchos otros. Pues en cada una de sus formas es capaz de evidenciar solemne cómo el clasismo esta inmiscuido en la arquitectura.

 El pilar del clasismo

La arquitectura, en su núcleo, represe nta la combinación de habilidades artísticas y téc- nicas destinadas a concebir y planificar edificaciones, áreas y construcciones. Su enfoque reside en la concepción, crea- ción, mejora y restauración de entornos físicos, todo ello considerando las necesida- des y requerimientos de las personas en base al contexto cultural, social y económico.

Asimismo, esta disciplina, a di- ferencia de otras profesiones encargadas de la construcción y diseño de estructuras, bus- ca generar armonía estética en sus creaciones, sin dejar de ser funcionales o sostenibles, pues generar un equilibrio en- tre estas variables permite po- tenciar el auge de una urbe.

 Sin embargo, a lo largo de toda la historia es posible apreciar que el clasismo se inmiscuyó de manera clara y concisa en diversos conceptos que com- ponen la arquitectura, tales como: la trama urbana, mate- rialidad, forma, estilos, ubica- ción, y contextos de las calles.

Si bien es válido afirmar que la edificación y planeamiento urbano se distinguen una de otra en relación a la capacidad adquisitiva del proyecto, no es factible ignorar que muchos de estos suelen ser excluyentes con otros proyectos que se en- cuentren alrededor u ocupen la misma ciudad, con el fin de resaltar y generar mayor valor tanto social como económico de la construcción, que puede ir desde casas, puentes, par- ques hasta barrios completos.

Por ejemplo, un caso emble- mático a nivel internacional fue el del “Muro de la vergüen- za”, que, con una extensión de 10 kilómetros, dividía los distritos de San Juan de Mira- flores y Surco en Lima, Perú.

“¿El muro es discriminatorio? Todo el mundo tiene derecho a cercar su propiedad priva- da para protegerla. Además, siempre ha habido una rela- ción de vecindad con los del otro lado. Mi empleada y mi jardinero son de allá”, dijo Elke McDonald, residente del lado más acomodado desde 1958, frente a la reciente nor- mativa que emitió el gobierno peruano, ordenando la demoli- ción del muro, por considerarlo excluyente y discriminatorio.

Y si bien hay mucha controver- sia sobre la relación entre una edificación, es claro que este proyecto, iniciado como un método de “seguridad” para el conjunto residencial más próxi- mo llamado “Las Casuarinas”, fundamentó su función en el estereotipo de “la clase de personas que viven del otro lado”.

Asimismo, según inmobilia- rias peruanas como Albamar, Casa Ideal y Marcan, el costo promedio de una vivienda en el lado más privilegiado tiene un valor de 5 millones de dólares, mientras que, en el distrito co- lindante, el valor aproximado de una casa es de tan solo 300 dólares, representando menos del 0.1% del costo de las vi- viendas contiguas. Esto tiene sentido, ya que, aunque ocu- pan la misma formación geo- lógica en el cerro San Francis- co, “Las Casuarinas” en Surco disfruta de servicios públicos y privados ininterrumpidos, así como de un diseño urba- nístico de primer nivel ava- lado por el estado, mientras que el otro distrito cuenta con estadísticas paupérrimas de servicios públicos prestados. Según la ONG Ciudad Nues- tra, el 39% de estas viviendas en Pamplona Alta no cuentan con luz ni agua, y al menos en el 48% de los hogares existe una víctima de algún delito. Increíblemente, “Las Casuari- nas” es el cuarto lugar más se- guro de Lima, con tan solo un 13%  de  incidencia  delictiva.

El urbanista Pablo Vega Cen- teno argumenta que la cons- trucción de muros como este se debe a la intención de esta- blecer divisiones sociales evi dentes a través de barreras físi- cas. A su juicio, esta acción re- fleja un temor a la proximidad social, ya que, al enfocarse en fortalecer la seguridad interna, se sigue una lógica de descon- fianza hacia el entorno exterior, lo que resulta en prácticas de exclusión que son comunes en gran parte de América Latina.

En principio, teniendo el ante- rior ejemplo como base, en el barrio de El Prado, respecto a la trama urbana se puede notar que se ha tenido un plantea- miento previo para la organiza- ción de manzanas con una tra- ma rectangular que no busca compenetrarse con el entorno. Desde su primera maquetación, el único barrio considerado co- lindante es Villa Country, y solo después se tomaron en cuen- ta los distritos de Alto Prado y Bellavista, pero únicamente porque estos surgieron como resultado de lo que “El Prado” proponía a nivel urbanístico. Esto avala la exclusividad que mantenía el barrio, ya que su indiferencia estructural, basa- da en referencias americanas, buscaba destacar por encima del resto de la ciudad. Pues, en ese momento, Barranquilla era descrita por Robinson en 1985 como una “aldea comercial” debido a su cercanía al mar.

Este enfoque en mantener la exclusividad y la falta de in- tegración con los barrios cir- cundantes refleja la segmen- tación social que se vivía en Barranquilla, similar a lo que sucede en otros lugares de América Latina. “El Prado” se construyó como un espacio ais- lado que buscaba desmarcarse de su entorno, enfocándose en la idea de ser una mini ciudade- la elitista dentro de la ciudad.

Según Hernando Quesada, ar- quitecto titulado en la Univer- sidad del Atlántico, muchas de las importaciones de césped y materiales de construcción ocurrieron debido al gusto de los propietarios elitistas del ba- rrio. Consideraban que el uso de componentes regionales im- plicaría mezclar la autenticidad arquitectónica y estructural del barrio. Esta actitud refleja la clara intención de los propieta- rios y gestores del proyecto de mantenerse apartados de la Ba- rranquilla circundante, incluso en sus primeros pasos. Consi- deraban que los materiales no eran apropiados y justificaron la importación de materiales con     el auge comer- cial   que   experimenta- ba  la  ciudad  en  esos  años.

De igual manera, en lo que respecta a los estilos y formas relacionados con el clasismo, es evidente que “El Prado” pre- senta características que están alineadas con esta problemá- tica social. A diferencia de la mayoría de la ciudad, donde se mantienen diversos estilos arquitectónicos según las pre- ferencias de los propietarios, el barrio del prado tiene estan- dares de diseño y estilo muy marcados de acuerdo a la fun- ción, como el modernista en las áreas periféricas o el neo- clásico en los pasadizos y par- ques principales, “El Prado” se destaca por su cohesión y equi- librio en la estructura urbana.

Las viviendas tipo mansión en “El Prado” presentan grandes ventanales con influencias is- lámicas, pilares y cúpulas que buscan simular la distintiva arquitectura árabe. Están ro- deadas de jardines tanto exter- nos como internos que hacen referencia a la inspiración eli- tista estadounidense. Además, cuentan con vallas y cercos imponentes característicos de este tipo de construcciones, y se destaca la presencia de or- namentación en metales pre- ciosos tanto en las casas como en los parques. Todo esto con- tribuye a crear una sensación de boulevard en la zona, armo- nizando la cantidad de árboles, bancos y estatuas presentes, todo en función de la estética.

Sin embargo es importan- te mencionar que, desde su construcción, “El Prado” con- taba con un manual de con- vivencia  muy  marcado,  ela borado por el propio Parrish con el objetivo de mantener la exclusividad del barrio. Esto se hizo debido a que en el proyec- to residencial vivían personas adineradas y extranjeros con alto nivel adquisitivo. En las reglas de convivencia, se en- cuentran artículos polémicos, como la prohibición del uso de materiales como paja, adobe crudo, bareque o madera re- gional no tallada para la cons- trucción de casas. Otro artí- culo restrictivo se refería a la crianza de animales de granja, especialmente en los patios o zonas con vista a la calle.

Finalmente,  al  investigar  la ubicación y el contexto de las calles, el barrio El Prado pre- senta una distribución muy in- teligente en todos los aspectos. En la zona sur, que colinda con los barrios Boston y Colombia, se encuentra la zona comer- cial, a provechando que estas zonas son el punto de unión con el centro de Barr anquilla y los barrios populares aún más al sur, lo que le permite mante- ner un dinamismo comercial. Por otro lado, la zona norte es predominantemente habitacio- nal, caracterizada por grandes mansiones y con pocos nego- cios. En el centro, se ubican las áreas de actividades tanto edu- cativas como recreativas, lo que crea un degradé perfecto entre ambos extremos, permitiendo un avance progresivo notable.

Todas estas segmentaciones es- tán divididas por una impresio- nante red de calles que también funcionan como ductos de ven- tilación naturales, capaces de enfriar esta zona en unos 4 gra- dos en comparación con el resto de la ciudad. Según Andree Ro- jas, estudiante de arquitectura de la Universidad de Ciencias Aplicadas en Perú, “el hecho de que la carrera 58 y la ave- nida 11 de noviembre se cru- cen en el parque “Los Funda- dores” permite que la calle 68 funcione como un dispersor”. Esto se debe a que es tan gran- de como estas vías principales, lo que armoniza el mapa y le da mucho sentido a la forma elíptica del parque, generan- do una función excepcional.

Esta función es sin duda muy inteligente, pero según Da- niel Herrera, egresado de la carrera de arquitectura de la Universidad Continental “El Prado” funciona como la pri mera pieza de un rompecabe- zas. Aunque tiene conexiones muy bien distribuidas, estas son como orejeras para que las demás zonas de la ciudad cum- plan su propósito en términos de complementación. Sin em- bargo, no son indispensables, ya que en caso de que no exista esta conveniencia estructural, “El Prado” puede funcionar de manera independiente. Esto se debe a que está construi- do como una mini ciudadela dentro de Barranquilla, que tiene todo lo necesario para la élite, mientras que la pobla- ción en general debe acomo- darse o buscar otros lugares.

Una boveda de seis arcos

Según el Departamento Ad- ministrativo Nacional de Esta- dística (DANE), en Colombia, la estratificación socioeco- nómica es una clasificación de inmuebles residenciales utilizada para determinar la asignación de tarifas y sub- sidios en los servicios públicos domiciliarios en el país.

Se realiza con el objetivo de que aquellos con mayor capa- cidad económica paguen más por estos servicios, contribu- yendo así a que los estratos ba- jos puedan afrontar sus tarifas. Además, esta estratificación permite orientar la inversión pública, programas sociales y el cobro de impuestos predia- les diferenciados por estrato.

Sin embargo, esta se ha exten- dido a otros ámbitos sociales, convirtiéndose en una herra- mienta para etiquetar a las per- sonas y entender la sociedad. La carga simbólica asociada a esta clasificación ha dado lugar a re- presentaciones y percepciones colectivas, convirtiéndose en un indicador de identidad que puede fortalecer procesos de exclusión y segregación social.

Asimismo, respecto a esta pre- misa, es importante acotar que, como todo sistema económico, tiene ciertas o muchas falen- cias, mismas que se vieron evi- denciadas desde la implemen- tación e ideación en los años 80.

Fabio Sánchez y Jairo Núñez en su trabajo “Descentraliza- ción, pobreza y acceso a los servicios sociales. ¿Quién se benefició del gasto público social en los noventa?” men- cionan que: “es cierto que las viviendas estrato 1 pagan una menor tarifa; sin embargo, el monto de subsidio es ma- yor  en  estratos  superiores.”

Asimismo, Carlos Sepúlveda, Denis López y Juan Miguel Gallego, en su investigación de carácter social “Los lími- tes de la estratificación, en busca de alternativas”, vali- dan la intención que la estra- tificación colombiana formu- la, pues en América Latina, nunca se había planteado algo igual. Sin embargo, estos tam- bién mencionan que, aun con todos estos puntos a favor, este plan es incapaz de poder comprender la complejidad de los hogares colombianos.

 Pues, la problemática de la po- breza en la ciudad trasciende la cuestión del pago de servi- cios, ya que puede dar lugar a estigmatización y fomentar la división social. Esto se refleja en el menosprecio hacia aque- llos de estratos económicos más bajos y la admiración o envidia hacia quienes perte- necen a los estratos más altos.

Y ya teniendo en cuenta toda esta premisa, es necesario acotar que, si comparamos las actualizaciones de la meto- dología, respecto al índice de Necesidades Básicas Insatis- fechas y la tasa de desempleo, subempleo e informalidad, nos arroja como resultado que la urbanización como concep- to es la principal antagonista ante el sistema actual de seg- mentación   socioeconómica.

Cuando se analizaron las trans- formaciones en las condiciones de vida en la ciudad, se detectó que el sistema de estratificación estaba desactualizado, ya que la uniformidad en la urbaniza- ción de la ciudad permitía que áreas con residentes de diferen- tes niveles de ingreso fueran tratados de la misma manera.

Lo cual puede sonar y parecer beneficioso, pues elimina las diferencias que marca la estra- tificación, sin embargo, esto solo es una falsa esperanza, pues Álvaro Ibatá y Hugo Ce- ballos, en su publicación “La estratificación urbana como indicador económico” men- cionan que “si bien ya no son 6 frentes los cuales dividen la sociedad colombiana, son 2 los cuales enrumban el des- tino de la sociedad, pues sin grises de por medio, brilla más el blanco que el negro” buscando explicar que la natu- raleza de la urbe, tambien gene- ra limites, pues estan quienes se inmiscuyen en esta y los que no.

Entonces, teniendo en cuenta lo que la segregación implica, es muy fácil relacionarlo con el barrio El Prado. Pues, para Ba- rranquilla, esta urbe dentro de la ciudad no es más que la joya y razón de la segregación costeña.

En principio, esto se remonta a los inicios de la construcción del barrio “El Prado”. A pala- bras de Parrish, una de las más grandes motivaciones del avan- ce exponencial que esta obra tuvo, fue gracias a la inversión de diversos comerciantes que se habían visto beneficiados por el auge económico que había vivido Barranquilla por esos años, estos mismos alu- dian que no podían estar cer- ca del centro y sus habitantes, pues causaban enfermedades.

Incluso el mismo nombre “El Prado” se lo deben a este tipo de situaciones, pues en compara- ción con el resto de Barranqui- lla, este lugar era considerado menos peligroso y accidenta- do, siendo “el prado” esperado por todos los grandes comerciantes nacionales o extranje- ros, la única locación “segura” en medio de una ciudad con- siderada peligrosa y aquejada por enfermedades, a pesar de contar con un próspero puerto.

Evidenciando así de manera implícita aquel principio que Ibatá y Ceballos anunciaron, pues consideraban a una par- te de la población insegura y portadora de enfermedades, sin considerar que para los años 20 esta ciudad única- mente tenía planeamiento de focalizar los servicios públi- cos en el Norte-Centro de la ciudad, dejando de lado el sur para proyectos futuros. Y no es sorpresa alguna que la sec- ción beneficiada sería donde se estaba edificando “El Prado”.

Desde sus cimientos, esta lo- cación buscó separarse del resto, escudándose en la insa- lubridad, generando rechazo hacia la población menos be- neficiada, pues en este caso, “el sol no brilló para todos”. Ya que su formulación y eje- cución llamaron la atención de mucha gente elitista que im- pulsó y financió este proyecto. Includo también el gobierno colombiano.

Un claro ejemplo es el Hotel El Prado, fundado el 15 de no- viembre de 1930. El cual en la actualidad forma parte del patrimonio nacional colom- biano, mediante la resolución 1640, postulada y aceptada el 24 de noviembre de 2004.

Este edificio, también consi- derado el primer hotel turís- tico de América Latina, fue diseñado y ejecutado por los arquitectos: Burdette Higgins, Gregorio Obregón y el mismísimo Karl C. Parrish, quienes nunca reportaron nin- guna traba o polémica en todo el proceso de construcción. Incluso, en declaraciones re- copiladas de Parrish, men- cionó su muy buena relación con Marco Fidel Suarez, quien fue el que dio visto bueno al proyecto, apoyando la ini- ciativa con inversión del era- rio público, a pesar de que más del 40% de Barranquilla para esos años no tenía acce- so al servicio de agua potable.

Asimismo, siguiendo el re- corrido histórico, el hotel, en sus 274 habitaciones, al- bergó a estrellas y famosos como Shakira, Rubén Bla- des, Elvis Crespo y Celia Cruz. Pero  también  este  recinto en comparación con otros relacionados con el narcotráfico, también fue muy controverti- do entre diversos grupos sindi- calistas de estratos más bajos. Ellos afirmaban que el gobier- no lo hacía para encubrir algo y no quería que saliera a la luz, incluso si eso significaba ig- norar toda la violencia que vivía Barranquilla y el res- to de Colombia a manos de  los  grupos  guerrilleros.

A pesar de las negativas de to- dos los implicados, sus contra- dicciones eran evidentes. Se aplicaron medidas drásticas, como el polémico Estatuto de Seguridad, que limitó las li- bertades de expresión y movi- lización, amplió el marco del Código Penal Militar en rela- ción a los civiles y permitió la violación del Habeas Corpus. Estas medidas, en cierta for- ma, funcionaron para frenar la ola de violencia, pero en el proceso cobraron muchas vi- das inocentes. Las principales víctimas de toda esta situación, y quienes sufrieron un total atropello a los derechos hu- manos, fueron los sindicatos y las centrales obreras, quienes casualmente formaban par- te de los estratos más bajos.

Esto refuerza el concepto de es- tratificación sin haber sido for- malizado aún. No era necesario que Ernesto Samper, a través de la Ley 142 de 1994 (Ley de Ser- vicios Públicos Domiciliarios), estratificara la población. La so- ciedad ya sabía cuál era su lugar y a lo que estaba expuesta, ya que, sin necesidad de artilugios legales, la población se había auto estratificado. En Barran- quilla, el norte, especialmente “El Prado” y sus barrios aleda- ños, eran los más beneficiados y privilegiados, mientras que los obreros del sur y los comer- ciantes promedio del centro, incluso hasta el día de hoy, co- nocen los peligros a los que es- tán expuestos. Como lo expresó Dora Villarreal, una ciudadana de hace 35 años de esta ciudad: “¿De qué me sirve pagar unos cuantos pesos menos en mi recibo, si por un nu- merito,  la  gente  del  nor- te  me  mira  desde  arriba?”.

Tanto a nivel arquitectónico como histórico, el barrio El Prado goza de una impeca- ble ejecución. Sus mansiones, calles y parques marcaron el rumbo de una Barranquilla en crecimiento, que año tras año explotaba su potencial comer- cial. Cada una de sus estructu- ras es el reflejo del esfuerzo de muchos arquitectos, paisajis- tas, urbanistas, ingenieros y demás profesionales que, en sus diseños, albergaron a fa- milias y personas que jugarían un papel fundamental en el po- tencial económico de Colom- bia. Sin embargo, a la vista y opinión de muchas personas, principalmente de estratos más bajos, este barrio es considera- do “un recordatorio de las di- ferencias de clases sociales”.

No es realista esperar que todo este esplendor eclipse la reali- dad de muchos barranquilleros en la actualidad, especialmente en lo que respecta a la seguri- dad, la educación y las oportunidades económicas y laborales. Mientras que los barrios de estrato 6 como Alto Prado, El Prado y Riomar son considera- dos seguros y adecuados para vivir, Rebolo, La Chinita, El Bosque, San Roque, Bello Ho- rizonte y Simón Bolívar son ca- talogados como los barrios más peligrosos de toda la ciudad.

Según el informe elaborado por Fundesarrollo y el Ob- servatorio de Seguridad Ciu- dadana de la Universidad del Norte en septiembre de este año, titulado “Situación de los indicadores de seguridad de Barranquilla”, los tres prime- ros barrios mencionados, de estrato más alto, tienen un pro- medio de 8 homicidios anuales, mientras que El Bosque y San Ro registraron en promedio 187 homicidios en el año 2022.

 Cifras bastante preocupan- tes que no son ignoradas por los medios de comunicación y las redes sociales. Un extrac- to de El Heraldo señala que “residentes de “El Bosque” informaron que los enfrenta- mientos entre pandillas son frecuentes en el sector y ocu- rren a cualquier hora del día y de la noche, ocasionando no solo temor entre los veci- nos, sino también daños ma- teriales en sus casas”. Todos estos indicadores no hacen más que respaldar la idea sepa- ratista que eleva el estigma de la inseguridad y el peligro que representan los barrios de es- trato 1 en comparación con los barrios de niveles superiores.

Esta situación también se refle- ja en el costo de las viviendas. Según Fincaraiz, la mayoría de las viviendas en los estratos 1 y 3 tienen un valor promedio de 163 millones de pesos. Para un ciudadano que gane el salario mínimo, le llevaría 135 salarios completos adqui- rir una vivienda de este valor. Esto es prácticamente impo- sible, especialmente para una pareja promedio con un solo hijo, ya que, si optan por el arriendo, este puede costar aproximadamente 650,000 pe- sos, lo que representa más del 50%  de  un  salario  mínimo.

En contraste, los barrios de es- tratos 4 y 6 tienen un costo de aproximadamente 458 millo- nes de pesos, lo cual es equi- valente al ingreso promedio de los habitantes de este sector. Según el DANE, esto correspon- de a un 379% más en compara- ción con los estratos más bajos. Además, estos estratos son los más beneficiados en términos de créditos hipotecarios, y si por alguna razón deciden optar por el arriendo, este no supera el 250% del costo promedio en los barrios menos favorecidos.

Esto se evidencia en el hecho de que, el 6 de marzo del pre- sente año, el hijo del presiden- te de Colombia adquirió un departamento de 330 metros cuadrados en el barrio Alto Prado, equipado con tres habi- taciones, 5 baños, terraza, gim- nasio y otras comodidades, por un costo de 2,500 millones de pesos. Este barrio busca ser la versión moderna del prestigio- so e histórico barrio El Prado.

Este suceso abrió todo un debate social, que giraba en tor no al uso de recursos públicos para la compra de este inmue- ble por parte de Nicolás Petro. Dado su sueldo como diputado, que asciende a 26 millones de pesos, parecía poco plausible que pudiera costear un depar- tamento de tal valor en ese pe- ríodo de tiempo. Sin embargo, hasta el momento no se han presentado acusaciones forma- les ni investigaciones en curso.

Siguiendo la línea familiar, el actual gobierno de Gusta- vo Petro busca desmantelar el sistema de estratificación que promulgó Ernesto Samper en 1994. El presidente Petro argu- menta que esta medida busca “superar la desigualdad eco- nómica del país”.

El director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), Jorge Iván González, refuerza esta idea, señalando que esto no solo au- mentaría el número de perso- nas que reciben subsidios en el país, sino que también se in- crementaría la base de contri- buyentes que pagan impuestos.

En relación a estas declara- ciones, expertos han expre- sado su opinión al respecto. Alfredo Barragán, experto en banca de la Universidad de los Andes, menciona que los sis- temas  de  estratificación  son herramientas con un fuerte im- pacto en la vida de las personas. Cuando se diseñan adecuada- mente, tienen el potencial de mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos. No obs- tante, señala que, dada la situa- ción actual de estos sistemas, es imposible defenderlos, ya que en la actualidad están fre- nando de manera alarmante los efectos de los programas de inclusión social y la lucha con- tra la desigualdad y la pobreza.

Gerardo Ardila, antropólo- go y urbanista, sostiene que la estratificación formalizó, desde el Estado, la desigual- dad a través de un sistema de organización territorial que nos segrega como sociedad. En una noticia publicada por la BBC, mencionó que “este es un país terriblemente racis- ta, clasista, machista, exclu- yente, y los estratos profun- dizaron esa segregación que ahora está en la raíz de la vio- lencia que vemos en las calles”.

Por otro lado, el economis- ta, docente e investigador del Centro de Investigación para el Desarrollo (CID) de la Uni- versidad Nacional, Edgar Be- jarano, sugiere que, “si se va a realizar una modificación en el sistema de estratificación, esta debería enfocarse más en la riqueza acumulada por una persona, ya que tiende a ser más constante en compara- ción con los ingresos, que pue- den ser menos estables”. Esta propuesta mantiene los bene- ficios que se plantearon ini- cialmente con este tipo de or- denamiento  socioeconómico.

En última instancia, todas estas son facetas de un gran problema que aún está en proceso y se verá en desarrollo para el año 2025. La centrali- zación y el desarrollo actual de Colombia impiden tomar medidas precipitadas sin con- siderar  las  consecuencias.

Características que se reflejan en la ciudad de Barranquilla, donde “El Prado” se convirtió en el epicentro de crecimiento y desarrollo, atrayendo la inver- sión pública y privada, pero al mismo tiempo, eclipsando las necesidades de los estratos más bajos en el sur de la ciudad. Esto ha resultado en una profunda división que, aunque en su ori- gen se pensó como un benefi- cio para los más necesitados, en la actualidad ha contribuido a comportamientos condena- bles como el racismo, el clasis- mo y otros problemas sociales.

Es así como, a través de un reco- rrido arquitectónico, histórico, político, social y económico, es posible ver cómo, sin inten- ción alguna, el barrio El Prado desde sus inicios fue capaz de dividir a la sociedad barranqui- llera. Esta división no solo se li- mita al ámbito económico, sino también al social. Una simple variación de 6 números fue suficiente para separar a una sociedad que hoy en día se ve afectada por la violen- cia, el elitismo y la falta de igualdad  de  oportunidades.

 Aunque el gobierno actual está buscando corregir los errores de este sistema que original- mente pretendía igualar las oportunidades para todos sus habitantes, todavía no exis- te una ruta clara para encon- trar una solución. Mientras esto permanezca en la fase de planificación, la noción de su- perioridad e inferioridad con- tinuará alimentándose en la experiencia  de  la  sociedad.

 En una sociedad que se enor- gullece de sus joyas estéticas, siempre existirán rezagados al otro lado del muro. Para un “Prado” excéntrico y progresis- ta, habrá un “Bosque” marcado por la violencia y la decadencia. En una Barranquilla que aún se aferra a su orgullo estructural, solo le espera un futuro sin con- ciencia de clase, lo cual priva a miles de oportunidades para sus habitantes. Actualmente, el barrio “El Prado” no es más que un recordatorio constante de que algunos miran desde arri- ba del hombro a muchos otros.

Escrito por Luis Larrazábal

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