Negociación y consentimiento sexual, dos conceptos que no dan cabida a la violencia sexual

El 7 de julio de 2016 los medios de comunicación internacionales reportaron un caso de violación grupal, cuya víctima resultó siendo una joven de 18 años. El hecho, que se dio a conocer como el caso de “La manada”, tuvo lugar en Navarra (España) y fue perpetrado por cinco hombres. Lo controversial de la situación estuvo en el tratamiento que desde un principio las autoridades le dieron pues, después de que las imágenes del abuso se viralizaran y que la mujer denunciara, en los tribunales se dedicaron a cuestionar a la víctima, incurriendo en la denominada “victimización secundaria”. A raíz de ese contexto dentro de la sociedad emergió el lema: “No es no” y, luego -trasladado a un término de consentimiento sexual afirmativo- la frase se modificó a: “Solo sí es sí”.

Frente al hecho mencionado -que encendió las alarmas en la comunidad española- la profesora de la Universidad de la Costa María Del Mar Sánchez-Fuentes, en compañía de las docentes Nieves Moyano, Sandra Milena Parra Barrera y Reina Granados de Haro, se puso a la tarea de analizar en mayor profundidad la relación entre el consentimiento sexual, el riesgo de perpetrar agresiones sexuales por parte de los hombres y la victimización sufrida por las mujeres, a través de la investigación ‘Only yes means yes. Negotiation of sex and its link with sexual violence’.

Al referirse al estudio la docente parte de la idea de que la violencia sexual básicamente sucede cuando la otra persona no ha dado su consentimiento. Luego manifiesta que se concentraron en realizar una salida de campo, mediante la cual evaluaron el consentimiento sexual y analizaron si “las mujeres víctimas de violencia sexual y las que no, así como los hombres que han sido agresores y los que no, les daban mayor o menor importancia al consentimiento sexual”; esto a su vez les permitió identificar si existían diferencias estadísticamente significativas.

Sánchez-Fuentes dice que para la recolección de la muestra en España tuvieron que presentar el proyecto al comité de ética del gobierno de Aragón. Luego de la aprobación procedieron, a través de un muestreo probabilístico intencional, aplicado de forma virtual en época de pandemia, cuyas respuestas se mantuvieron en el anonimato. Según cuenta, la encuesta contenía las versiones en español de la Escala de Consentimiento Sexual Revisada (construida por cuatro factores: la falta de control conductual percibido, el tener una actitud positiva para obtener el consentimiento sexual, el comportamiento conductual directo a través del lenguaje corporal, y la norma sobre el consentimiento), así como la Encuesta de Experiencias Sexuales. Agrega que los participantes debían cumplir con dos requisitos indispensables: ser mayores de edad y tener nacionalidad española.

“Quienes hicieron parte de la muestra tuvieron la posibilidad de no responder cualquier pregunta que no consideraran oportuna, pero sí era obligatorio que contestaran la del consentimiento informado, es decir: “he leído y estoy de acuerdo en participar”. El tiempo aproximado que tuvieron para resolver la encuesta fue de 30 minutos. Finalmente la prueba quedó en 1681 participantes (la mayoría presentaban edades entre 23 a 24 años y eran universitarios), ya que tuvimos que eliminar a algunos que no cumplían con los criterios de inclusión o porque habían dejado más del 25% de los ítems sin resolver”.

Resultados

La investigadora manifiesta que lo más relevante de los hallazgos fueron los porcentajes que obtuvieron porque lograron comprobarlos con los de una macroencuesta realizada por parte de uno de los ministerios de España, en el que se evaluó el tema de las víctimas de abuso sexual. 

“En nuestro estudio encontramos que -respecto a las mujeres- más del 70% había sufrido algún tipo de violencia sexual. En el caso de los hombres, el 20% de ellos informó que había cometido algún tipo de agresión sexual. Estos resultados sin duda son alarmantes porque un gran porcentaje de la comunidad femenina encuestada asegura que ha sido víctima de violencia sexual”.

Para este proyecto se incluyeron cuatro tipos de violencia sexual: tocamiento no deseado, en el que el 66,7% de las mujeres reportó que a partir de los 14 años habían sufrido alguna clase de tocamiento indeseado. El 22,7% respondió a la coerción sexual, es decir, “el haber sido presionadas para sostener cualquier actividad sexual; el 18,6% apuntó que habían sufrido violación y el 22,5% respondió que en algún momento habían experimentado un intento de violación.

Respecto a los hombres, el 16,3% aseguraron haberles hecho tocamientos a mujeres, siendo conscientes de que realizaban el acto sin el consentimiento de la mujer; mientras que el 4,7% habían presentado conductas de coerción sexual; el 4,4% aceptaron que habían incurrido en el intento de violación; y el 4,7 habían cometido violación sexual.

“Se debe destacar que en cuanto a las víctimas la frecuencia tan elevada que se observó probablemente se debió a que incluimos el factor del tocamiento no deseado, pues sabemos que muchas mujeres, en distintos ámbitos, han tenido que enfrentar una situación como esta. También es cierto que esas cifras se presentaron como elevadas quizás porque cada vez hay mayor conciencia social y un poco menos de vergüenza en las mujeres, quienes en la actualidad se atreven a decir: “yo también he sufrido por esta problemática”. En cuanto a los hombres -aunque la cifra es alta- creemos que hubiese podido ser aún mayor, ya que -a pesar de que fue un estudio anónimo- no deja de existir la deseabilidad social, así que probablemente más de uno prefirió no aceptar que en algún momento tuvo ese tipo de conductas porque en el fondo saben que son inadecuadas”.

Recalca que la sociedad debe entender que el silencio de la víctima no puede ser concebido como consentimiento sexual. Trae a colación que en cualquier relación sexual que se mantenga con una persona debe existir una negociación y si esta no se da entonces se estaría presentando un caso de violencia sexual. Agrega que se habla de que el consentimiento debería ser afirmativo, es decir: “Sí solo es sí”; así como también debería ser libre y voluntario (que la persona esté en condiciones para dar su consentimiento sin que exista presión). A su vez da a conocer que debe ser específico, brindando el permiso para una actividad sexual concreta para que el “no” sea respetado por la otra persona. Además, debe ser reversible -es decir- “si se inicia una actividad sexual habiendo dado el consentimiento, pero después no se desea continuar, la persona pueda decir que no y desde ese instante no pase más nada”.

“Específico y reversible también aplica en que aunque antes hayas mantenido relaciones sexuales con tu pareja estable o no estable no se sobreentienda que siempre estarás dispuesta a practicarlo, así que por eso hemos relacionado la negociación con las relaciones sexuales, ya que si no hay cabida a la negociación se estaría hablando de que no existe el  consentimiento sexual”.

Asimismo establece que en el estudio se detectaron algunas diferencias como: las mujeres víctimas les daban más importancia a establecer y obtener el consentimiento sexual, mientras que los hombres que han sido agresores sexuales le otorgaban menos relevancia. Lo anterior les permitió al grupo investigador confirmar la hipótesis que se planteó en el punto de partida y, sobre todo, fue esencial para que las personas reflexionaran y pensaran el porqué se desencadena este tipo de problemáticas. 

“Hay aspectos importantes en torno a este tema que tienen que ver con los roles tradicionales de género aplicados en los comportamientos sexuales, es decir, al hombre se le ha establecido que es él el que debe dar inicio a la actividad sexual e insistir en caso de que la mujer se niegue. Respecto a la mujer, el papel que se le ha atribuido es el de no iniciar una relación sexual e incluso rechazarla aunque la desee por temor a ser catalogada como una chica fácil o vulgar. Este mensaje es muy contradictorio porque incita a que el hombre entienda el “no” como “sí”, provocando casos de violencia sexual”.

Sánchez-Fuentes recalca que este flagelo social y el consentimiento sexual en los países hispanohablantes deja mucho que desear porque se ha normalizado el hecho de cuestionar a la víctima, de modo que urge -para ella- educación al respecto. Sintetiza que como grupo investigador a futuro prevén seguir con el proyecto para recoger una muestra más heterogénea, en el que los participantes presenten un mayor rango de edad, de nivel de estudios y de orientación sexual para detallar cómo este tema puede trazar diferencias en función de las variables sociodemográficas. 

Referencia: Only yes means yes. Negotiation of sex and its link with sexual violence

DOI: 10.1177/08862605221102483

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