Conducta delictiva, tratamiento y contexto penitenciario en la mujer

A través de los años ha tomado fuerza el estigma social que encasilla a la figura femenina  en el rol de cuidadora, pasiva y amorosa. De hecho, a causa de esta idea arraigada, hay quienes les resulta impensable asociar el concepto de mujer con delito, a pesar de que existen índices que estiman la tasa de criminalidad en esta población.

Según datos de la realidad penitenciaria en Colombia, en 2017 se reportaron 242.000 capturas, cuyo 10% fue a mujeres. Y aunque la cifra es baja, su impacto en la sociedad no deja de ser importante.

Por lo anterior, la profesora del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de la Costa Nathalia Quiroz Molinares -quien ha presentado cierta sensibilidad frente a los temas de género- lideró la investigación: ‘¿Por qué delinquen las mujeres?: enfoque de género en la conducta delictiva, contexto penitenciario y tratamiento’, un estudio que tuvo como objetivo -según cuenta- mirar con lentes de género el tema de las conductas delictivas, con el fin de identificar las diferencias o las perspectivas de género necesarias para el tratamiento de la mujer que delinque, “que es una figura social que normalmente no se concibe, ya que se suele pensar que los hechos negativos son causados únicamente por parte de los hombres. De este modo -aunque sea paradójico- el estudio tuvo como fin convertirse en un aporte para el cuerpo de conocimiento del feminismo”.

Agrega que en la investigación fue esencial llevar a cabo una revisión bibliográfica exhaustiva, mediante la cual se identificó si la idea concebida frente a los índices de criminalidad estaba sustentada en la literatura publicada en inglés y en español. Para su sorpresa -dice- encontró que como ella otras personas tenían la misma visión.

“Este ejercicio me permitió dar cuenta, desde las estadísticas y desde un abordaje basado en diferentes perspectivas, que hay tres puntos principales que han permitido el desarrollo de los estudios. El primero es la conducta delictiva, el segundo es el contexto penitenciario y, como tercero, el tratamiento”.

Hallazgos

La investigadora da a conocer que en los resultados obtenidos llamó su atención que en la conducta delictiva era necesario tener una mirada diferente para abordarla correctamente en las mujeres porque en muchas ocasiones se presentaba con menor violencia. Es así como encontró que los delitos en los que incurrían normalmente eran: tráfico de estupefacientes, delitos relacionados con la prostitución, porte ilegal de armas y un porcentaje bajo relacionado con la violencia. Además, “había quienes eran llevadas por bandas criminales a delinquir por su misma condición de género, aplicando la seducción y la manipulación en las víctimas para perpetrar delitos como el paseo millonario o el robo”.

Añade que una de las motivaciones marcadas en las mujeres era -por ejemplo- haber sufrido algún proceso de victimización en la niñez, la adolescencia o en la adultez, ya que este proceso con frecuencia las incitaba a cometer el acto delictivo, lo que no era tan evidente en los hombres.

Frente al contexto explica que fue interesante analizarlo porque detectó que los centros de reclusión penitenciaria normalmente estaban pensados desde la perspectiva masculina y aunque podría concebirse desde la idea de “que todos somos iguales y el espacio es el mismo”, urge entender que por la misma naturaleza biológica de la mujer -relacionada con la edad fértil y el sangrado vaginal- esta suele emplear el espacio de forma diferente frente al acceso a los baños y a los productos de higiene femenina.

“También se encontró que hay embarazadas o madres con niños menores de edad que están recluidas en prisión y no cuentan con centros donde puedan atender su gestación y/o a su hijo. Ahora, aunque hay algunas prisiones en Colombia que lo tienen, la pregunta es ¿en qué condiciones están?”.

En cuanto al tratamiento, se determinó que el apoyo de los familiares era muy beneficioso para quienes son privadas de la libertad, “más de lo que se ha visto en los hombres”. Ahora, frente a quienes han cometido el delito por el hecho de que inicialmente estuvo en una posición de víctima, los datos la llevó a concluir que era vital “buscar el tratamiento en ese proceso de recuperación de la secuela que deja la victimización”. 

“Es problemático no entender que las mujeres también podríamos en algún punto o por alguna razón cometer actos delictivos. De hecho, idealizamos y endiosamos la figura femenina y esto termina siendo muy dañino porque no se le brinda las herramientas necesarias y no se estudia este tipo de conductas, lo que en últimas incide en que la sociedad desconozca qué hacer con las mujeres que delinquen, ya que no cumplen con el rol que se le ha impuesto, como es el no sentirse, el permanecer en casa y el no llamar la atención”.

Por lo anterior, Quiroz dice que el efecto que se produce en toda esta situación es la generalización y como sociedad se deja de cumplir a cabalidad con el fin último de las penas privativas de la libertad, que es la resocialización, ya que se deja de lado las características propias de las mujeres que delinquen. Así que, finalmente, este estudio invita a reflexionar y a cuestionarse sobre ¿qué tratamiento se les está dando a las mujeres y cómo se debe abordar esta problemática?

Referencia: ¿Por qué delinquen las mujeres?: enfoque de género en la conducta delictiva, contexto penitenciario y tratamiento

DOI: https://doi.org/10.47741/17943108.333

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