Twitter: un arma de doble filo en campaña electoral

Twitter -conocido como la red social gratuita, que permite a los usuarios compartir gustos, intereses y opiniones en tiempo real- en época electoral se convierte en uno de los espacios virtuales más concurridos. Lo anterior responde a que se ha tenido la concepción de que la plataforma “es la red del debate político, de la conciencia ciudadana y del ciberactivismo”, que admite cualquier tipo de mensaje sin censura.

Para analizar este panorama los profesores del programa de Comunicación Social y Medios Digitales de la Universidad de la Costa Joseph Crawford y Álvaro Acevedo, junto con dos investigadoras de la Universidad de Medellín: Gladys Acosta y Claudia Maya, tomaron como objeto de estudio la contienda electoral de 2018, dando origen a la investigación multidisciplinar titulada ‘Campaña presidencial colombiana en Twitter (2018): apropiación, comunicación y subjetividades’.

“Básicamente quisimos ver cómo las personas y los candidatos se enunciaban, pues era un momento que se estaba dando de forma particular luego de un proceso de paz y que, además, iba a marcar el rumbo del país, ya que se iban a decidir los ejes del mandato de los cuatro años. En ese sentido tomamos Twitter porque lo veíamos como una plaza de discusión”.

Esta investigación -que contó “con una metodología muy compleja que permitió recopilar tweets, hacer una análisis exhaustivo y mirar las tendencias”- dio paso para que la postularan en varias revistas, fueran invitados a diferentes conferencias y lanzaran un libro llamado ‘Twitter: ¿plaza pública o cloaca digital?’. De este trabajo, en total, generaron cerca de cinco artículos, un resultado que para sus autores ha sido “muy fructífero”.

Crawford explica que uno de los pequeños tropiezos que tuvieron en el proceso se dio durante la primera vuelta de la campaña electoral, justo cuando algunos candidatos fueron desistiendo hasta que quedaron los cinco participantes en el tarjetón: Iván Duque, Gustavo Petro, Germán Vargas Lleras, Humberto De la Calle y Sergio Fajardo;  ya que tuvieron que desechar un gran cúmulo de información que habían recopilado en los tweets de quienes ya no hacían parte de la contienda.

“A través de un software, todas las noches descargábamos los tweets de las cuentas en el periodo de la primera vuelta presidencial y los íbamos guardando en una base de datos. Al final obtuvimos 6.487 tweets y al tiempo íbamos haciendo etnografía virtual, es decir, revisábamos los comentarios y analizábamos la interacción de la gente, lo que hacían al responder los tweets de los candidatos, si les daban ‘like’ o si los reportaban. Cuando ya tuvimos el corpus empezamos a aplicar un análisis de contenido con los resultados de la etnografía virtual”.

En los hallazgos, cuenta, identificaron otros tipos de apropiaciones tecnológicas, determinando cómo los usuarios utilizaban la plataforma para sus fines, cómo se hacían sujetos a través de la red social y cómo -particularmente- se daba la relación con el poder y la política. El estudio también fue propicio para detallar cómo era la comunicación en este espacio virtual y cómo eran las subjetividades de los usuarios.

Añade que también detectaron que los ejes centrales de las propuestas de los candidatos giraban en torno a los acuerdos de paz, la corrupción estatal y el llamado “castrochavismo” (estrategia ideológica y retórica con relación a la migración venezolana y al régimen de Nicolás Maduro). En menor medida -asegura- estaban presentes el medioambiente y la educación.

“Respecto al número de tweets nos dimos cuenta que más del 47%, aproximadamente, se relacionaban con los acuerdos de paz. Adicionalmente pudimos ver cuáles eran los mensajes que tenían mayor número de ‘likes’ y comentarios. La idea no solo era ver el link del tweet y quién era el emisor, sino también ver el día, cuántos comentarios tenía, el número de retweets y los “me gusta”. A partir de esto fuimos observando la dinámica de lo que proponía el candidato y lo que respondían los usuarios”.

Dice que una de las primeras “sorpresas” que encontraron en los resultados fue que en Twitter “se empleaban algunos modos de comunicación paranoicos”, muy alejados del concepto de debate, que -dice- “iban entre la descortesía y la cortesía”.  

“Encontrábamos que los usuarios se dedicaban a atacarse entre sí, esto nos permitió concluir que dicha acción no respondía a lo que es ejercer la ciudadanía, de ser participativos y tener un debate sano para aportar en la mejora de los problemas nacionales. También vimos muchos bots y a ciudadanos que tenían buena apropiación tecnológica, pero que usaban sus conocimientos para generar conflicto. Todo se reducía en las estrategias discursivas que tienen algunas personas de minimizar las falencias del que se encuentra asociado ideológicamente y maximizar cuando hay un logro por muy mínimo que sea, así como minimizar los logros de quien no representa su ideología, mientras  magnifican los errores”.

A su vez, identificaron que en Twitter lo que existían eran consumidores de marketing político, es decir, quienes se dedicaban a consumir memes y reaccionaban a estos, que se reportaban entre sí, se insultaban o se dedicaban a boicotear a los candidatos que no eran de su preferencia, con el propósito de generar polémica.

“Lo que la gente desconoce, y que tuvimos la oportunidad de averiguar con un profesor estadounidense, es que legalmente Twitter es una empresa privada, que tiene unas políticas de usuario que cada quien cuando crea su cuenta las acepta. Aún así en el imaginario internacional está que es la plataforma del espacio público, donde la discusión y los activistas políticos hablan sin censura, pero está claro que al final del día es manejada por una empresa privada que, dependiendo a sus políticas, puede censurar o no a cualquier persona. En cuanto a los insultos y a los memes también nos hace repensar un poco los límites de la libertad de expresión, es decir, hasta dónde se puede llegar sin rayar en la censura”.

Hace un llamado a las personas para que se tomen el trabajo de analizar la veracidad de la información que consumen porque -asegura- uno de los problemas latentes es la desinformación que circula en la plataforma, que se genera por parte de bots y de cuentas nuevas o falsas, con el propósito de incidir en la opinión pública. La propuesta que como grupo investigador plantean frente a la problemática es idear una legislación que establezca lo que constituye un delito de desinformación y que instaure verdaderas restricciones en el uso de la aplicación por parte de los menores de edad.

Para el profesor universitario este tipo de investigaciones pone en evidencia las prácticas que se propician desde la plataforma y también -explica- invita a repensar la idea de lo que es en esencia Twitter, los mensajes que se generan alrededor de la política colombiana y el manejo de la información privada de las personas. Dice que, en síntesis, la investigación da cuenta de que en torno a este tema se desprende un cuerpo legal para discutir, poniéndole la lupa principalmente a las prácticas de las cuentas falsas y a los dineros que circulan con ese fin, la regulación en cuanto a la desinformación, la discusión de las propuestas de los candidatos y los límites de la libertad de expresión.

“Nosotros con este estudio no solo quisimos aportar al debate académico y ciudadano, sino también incentivar a la gente a que discuta como sociedad frente al uso de la aplicación,  que piense en las reglas mínimas y los límites que no podemos cruzar. También invita a que la empresa de Twitter tome parte de la responsabilidad y los gobiernos, así como la academia y los medios de comunicaci´ón, les faciliten a los ciudadanos una buena adquisición de la alfabetización informacional y que los candidatos presidenciales en cada término que empleen desde sus cuentas tengan un control porque un tweet de personas influyentes puede determinar o no la vida de una persona o puede incurrir en la injuria o la calumnia”.

Gracias a los resultados obtenidos, y a propósito de la actual contienda electoral, Crawford afirma que él junto al equipo investigador contemplan una segunda fase del proyecto que les permita replicar la misma dinámica.

Referencia: ‘Campaña presidencial colombiana en Twitter (2018): apropiación, comunicación y subjetividades’

DOI: https://doi.org/10.15847/obsOBS15420211809


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