La estimación de la demencia en América Latina y los factores que la incrementan durante el confinamiento

A nivel general el aislamiento por la covid-19 ha desencadenado una afectación directa en la salud mental de gran parte de la población latinoamericana. En el caso de los adultos mayores, existen estudios que revelan la prevalencia de demencia y diversos factores asociados con la pandemia por SARS-CoV-2.

Una de estas investigaciones es la dirigida por el profesor de Psicología de la Universidad de la Costa y doctor Norman López, que se titula ‘Prevalence of Dementia and Associated Factors among Older Adults in Latin America during the COVID-19 Pandemic’ y que fue realizada junto con un consorcio de académicos, universidades, laboratorios, clínicas, centros de investigación y hospitales de Latinoamérica, el Caribe y los Estados Unidos.

López cuenta que el origen de este estudio se dio partiendo de una investigación previa a la pandemia sobre el aislamiento, realizada por Sarah Brooks, en la que se analizó cómo el confinamiento podía llegar a afectar la salud mental de la población general. Luego, tomando como referente la realidad de la covid-19 en América Latina, determinaron que las personas mayores tenían un factor de riesgo importante en cuanto al contagio de la enfermedad y, como consecuencia, el cuidador o los familiares de los adultos mayores iban adoptando estrictas medidas para sus cuidados.

Adicionalmente, como una decisión que mitigara el contagio y la mortalidad, empezaron a suspenderse la atención médica, los procedimientos quirúrgicos y los paliativos, así como las atenciones psicosociales para la población mencionada. Una vez aclarado el panorama, el foco de la investigación se centró en responder cuáles eran los efectos que estaba causando el encerramiento en las personas mayores cognitivamente sanas; en las que padecían deterioro cognitivo leve (DCL), quienes no entendían con claridad las instrucciones y las medidas de prevención; y en las personas con demencia, quienes no se reconocían y orientaban.

“En ese contexto nos enfocamos en evaluar la salud, la cognición, el estado de ánimo y la funcionalidad del adulto mayor durante la pandemia. El estudio lo realizamos vía telefónica y a través de ese medio completamos el formulario y el consentimiento informado, tanto del adulto mayor como del acompañante. Todo lo hicimos grabado. A su vez coordinamos los equipos, capacitamos a más de 200 evaluadores para finalmente hacer una medición de más de 10.000 adultos mayores. De ese número obtuvimos una muestra limpia de 5.245 sujetos, sobre la cual evaluamos el tema de la demencia”.

En ese trabajo de campo dividieron el grupo focal en raza, edad y género. Al analizarlo determinaron que en las personas de 90 a 94 años la prevalencia de demencia estaba en el 52.8%; y en los de 60 a 64 años los índices eran del 9.6%. En el caso de los indígenas, encontraron que eran quienes tenían una mayor carga de demencia, reportando el total de 34.7%, datos que iban muy asociados a factores como la escolaridad, pues se ha demostrado que “si el adulto mayor cuenta con un nivel bajo de educación, existe un gran riesgo de que padezca demencia, así como el que tiene menor acceso a salud, el que ha padecido de un accidente cardiovascular y el que ha presentado depresión y comorbilidades como la diabetes y la hipertensión”.

“En previos estudios sobre la carga de demencia en la población de América Latina se había estimado valores que estaban entre el 8%, 9% hasta el 11.5%; mientras que en nuestro estudio estimamos que el 15.6% de los adultos mayores de la región padecían demencia; evidenciando así que el porcentaje aumentó sustancialmente durante el aislamiento”.

Posteriormente -cuenta el investigador- analizaron las características que tenía el adulto mayor para presentar un mayor riesgo de demencia y se encontró que las personas de tez negra exhibían el doble de riesgo, los indígenas presentaban 1.8% veces de riesgo; igualmente, las personas de edades entre los 65 a 69 tenían 1.3% y los de 90 a 94 años tenían aproximadamente 10 veces el riesgo de padecer demencia; adicionalmente, si padecían de depresión existía un riesgo de 1.2%.

“Curiosamente, los países en los que se encontró mayor carga de demencia fueron aquellos en los que hay más población con menos escolaridad y más etnicidad como lo son: Bolivia, Guatemala, Perú y Ecuador. Chile, por su parte, demostró que cuenta con menos carga de demencia porque existe más escolaridad y una política muy robusta dirigida a las personas mayores. El elemento sorpresa fue Venezuela, donde también encontramos que hay menos carga de demencia”.  

Con los hallazgos obtenidos, el investigador asegura que este proyecto se convertirá en un estudio de referencia porque ubica y orienta a la política pública, ya que brinda información actualizada sobre las cifras reales de la demencia. A su vez, es importante -explica- para que estudios próximos tomen de base la información planteada.

“Ahora, en esta investigación también pudimos evidenciar que lo que se viene es una avalancha de síntomas que incrementarán los indicadores de demencia y agudizará la salud de quienes ya padecen la patología”.

Dicho lo anterior, puntualiza en que se hace urgente que los estados -a través de las políticas públicas, los programas de salud, los ministerios, los departamentos de salud de las regiones y las ciudades, así como las universidades- se preocupen por generar diferentes dispositivos que mejoren el pronóstico de la enfermedad, que estimulen la cognición, que restablezcan la funcionalidad y que reduzcan el trastorno neurodegenerativo. Una opción acertada, manifiesta, es la telemedicina o la realización de actividades -una vez vacunado el adulto mayor- que permitan la reconexión con los programas de estimulación cognitiva o de rehabilitación neurocognitiva.

Referencia: Prevalence of Dementia and Associated Factors among Older Adults in Latin America during the COVID-19 Pandemic

DOI: 10.1159/000518922

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