Depresión, lo que ha provocado la covid-19 en los adultos mayores de Latinoamérica

La Universidad de la Costa, la Universidad Católica de San Pablo (Perú) y la Universidad Santo Tomás de Chile llevaron a cabo el estudio ‘Situación de salud mental de los adultos mayores latinoamericanos durante el confinamiento por la pandemia de la covid-19’ para determinar el impacto en el estado de ánimo de esta población.

¿Siente que su estado de ánimo o el de algún familiar cambió durante la cuarentena obligatoria? ¿Ha tenido crisis de ansiedad o depresión? ¿Se ha sentido “bajo de nota” o desesperado? Sin duda, la covid-19 ha generado un impacto negativo en todos los sectores a nivel mundial, y si bien el primero es en la salud física, la salud mental, sobre todo de los adultos mayores, es la que más se ha visto afectada.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de la Costa, la Universidad Católica de San Pablo (Perú) y la Universidad Santo Tomás de Chile, en el marco de un proyecto multicéntrico e internacional, evidenció cómo el SARS-CoV-2 ha afectado el estado de ánimo de los adultos mayores de América Latina, luego de hacer una investigación con cerca de 10.000 personas de la tercera edad de Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Perú, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela.

Se pudo evidenciar que el 30,2 % de las personas mayores presenta trastornos emocionales. La revisión por país mostró que en México (38,9 %) y Perú (38,1 %) están los niveles más altos de depresión geriátrica; y en Venezuela, los más bajos (21,35 %). 

La investigación, denominada ‘Situación de salud mental de los adultos mayores latinoamericanos durante el confinamiento por la pandemia de la covid-19’, se ejecutó en 2020 y contó con una red de investigadores en cada país para desarrollar un protocolo de evaluación que consta de unas preguntas demográficas, socioeconómicas, clínicas, de hábitos y estilo de vida; así mismo, mediciones que estiman aspectos funcionales, depresión geriátrica y condición, todo esto con el objetivo de evaluar las condiciones cognitivas, funcionales y afectivas.

“Los de Venezuela son los que menos se deprimieron, no hay evidencia disponible para dar una justificación, pero yo pensaría que tienen otras tantas ocupaciones que esto no es una prioridad. Entre tanto, México fue el que más se deprimió”, indica Norman López, doctor en neurociencia cognitiva aplicada, director general del estudio.

En esta evaluación se utilizó un protocolo en línea, pero las personas fueron contactadas por teléfono por más de 100 funcionarios que fueron entrenados para ello. “Para el procedimiento, el evaluador tenía el instrumento y llamaba al adulto mayor. Le preguntaba si vivía con alguien y si le daba un consentimiento informado para hacer las preguntas demográficas, socioeconómicas, de estilo de vida, hábitos, antecedentes médicos y enfermedades”, agrega López, líder de la línea institucional de investigación de neurociencia y salud mental de la Universidad de la Costa.

Además, se les realizó una prueba de depresión geriátrica que tiene cinco preguntas para determinar si los adultos mayores la padecen, y una evaluación de memoria, atención ejecutiva y recuerdo.

En definitiva, este estudio confirma que las personas mayores, dentro de los grupos poblacionales, han sido las más afectadas por la covid, en primera instancia porque tienen un sistema inmunológico menos eficaz, ya que hay una disminución en la capacidad de respuesta, y porque para ellos fue imperativo el confinamiento, se restringieron las actividades recreativas y las visitas a los centros médicos por el peligro que representan, lo que influyó en el desmejoramiento del estado de ánimo.

Otros resultados del estudio mostraron que los adultos mayores mestizos, los que tenían más años de escolaridad y algún ingreso económico, presentaban un menor riesgo de depresión. Por tanto, el estado emocional de las personas mayores en América Latina durante la pandemia del SARS-CoV-2 varió de acuerdo con el país donde viven y los factores sociodemográficos y socioeconómicos. 

“Las personas mayores en Latinoamérica tienen condiciones de precariedad con respecto a las de países de mayores ingresos. Por ejemplo, no todos tienen una pensión o algún tipo de autonomía económica, muchos están desocupados y algunos viven solos, y esos factores acentúan los problemas del estado de ánimo, a tal punto que pueden llegar a convertirse en trastornos neuropsiquiátricos que pueden agudizarse y transformarse en enfermedades más graves como demencia”, enfatiza López.

Cabe señalar que las personas sin ocupación, es decir sin ninguna actividad estimulante, y las que viven solas fueron las que se vieron más afectadas durante el confinamiento por la pandemia.

“En el mundo hay registrados cerca de 60 millones los casos de demencia, y la mayoría se refiere al Alzheimer, que es la enfermedad más prevalente dentro de la demencia, pero los trastornos del estado de ánimo antes de la pandemia eran más de 700 millones. Una persona confinada contra su voluntad, que no tiene recursos económicos, que está sola e inactiva es más propensa a la variabilidad del estado de ánimo”.

Los datos que encontraron los investigadores en términos epidemiológicos son contundentes: en América Latina por cada 10 adultos mayores, 3 tienen depresión. El especialista enfatiza en que esta enfermedad de salud mental en el envejecimiento puede generar un sinfín de enfermedades, agravar síntomas, generar trastornos neuropsiquiátricos e inclusive inducir pensamientos de eliminación como el suicidio.

¿Cómo se puede prevenir?

Aunque parezca elemental, los expertos recomiendan hacer actividades estimulantes para mantener a esta población activa en lo cognitivo y funcional, ya que el sedentarismo afecta mucho a nivel emocional. “Se podrían hacer programas de acompañamiento con los adultos mayores, entrenarlos en tecnologías, en clases de baile, en algo que los motive, sobre todo, brindarles acompañamiento. Esto suena muy tonto, pero es muy importante porque es una manera de conectarse con esas personas que están más desconectadas que el resto de la población”, agrega López.

Los investigadores parten de la premisa de que no se puede intervenir si no hay un conocimiento, por lo que es muy importante identificar los factores sociodemográficos que a veces se quedan de lado. Este estudio es un insumo para generar políticas públicas, de acuerdo con López, que permitan generar estrategias para amortiguar el impacto de la pandemia en la población mayor.  

“Estamos construyendo unos informes técnicos. El adulto mayor latinoamericano, respecto a los de otros países, tiene menos escolaridad o menos años de estudio, menor acceso a servicios médicos complementarios en primer, segundo y tercer orden; tienen menos recursos económicos disponibles, y existe prevalencia de enfermedades metabólicas no controladas como diabetes o hipertensión y mayor deterioro cognitivo o demencia, todo esto empeora la situación”.

Afortunadamente, el estudio arrojó una constante positiva y es que hay un porcentaje importante de los adultos mayores encuestados que vive con algún familiar. Este año se le hará seguimiento una parte de la muestra para analizar cómo continúa la situación.

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