¿Cómo se verá el espacio público tras el confinamiento por el coronavirus?

Es una realidad que el mundo cambió, como quizá lo hizo anteriormente cuando enfrentó otras grandes pandemias que modificaron el orden de la humanidad, así cueste mucho aceptarlo. Este momento por el que atravesamos como seres humanos, que es resultado de una crisis de salud ocasionada por el coronavirus, ha transformado drásticamente las dinámicas urbanas en las ciudades de hoy.

Hablamos de miles de muertos, millones de personas infectadas y una humanidad que vive en un miedo latente, ese es el nuevo panorama del planeta. El Covid-19, enfermedad causada por el coronavirus, genera afecciones graves en el sistema respiratorio con diferentes sintomatologías. Esta pandemia se propaga cada segundo, lo que nos reta a transformar nuestras prácticas habituales y a repensar los aspectos que definen nuestra vida individual y la que ocurre en común con los otros.

Es precisamente esta coyuntura la que llevó al grupo de investigación ARUCO, del departamento de Arquitectura y Diseño de la Universidad de la Costa, y a la Fundación Más Urbano a pensar en esos cambios y hacer una investigación relacionada con el espacio público en tiempos de coronavirus.

“Este es un virus que encontró en lo urbano un escenario fácil para lograr apoderarse y tomar el control de la vida en las ciudades, en las que la fragilidad, el desasosiego y la incertidumbre de algunos, que se juntan con la incredulidad, irresponsabilidad e indiferencia de otros, es la batalla que va ganando este espacio de manera salvaje y exponencialmente acelerada”, dice Samuel Padilla, decano del departamento de Arquitectura de la Unicosta.

Afirma que con la moral quebrantada, los ánimos oscilantes y una economía incierta se empiezan a redefinir no solo conceptos del hábitat íntimo –la casa–, sino también los que hacen parte del universo de las ciudades en todas sus capas sistémicas y sus realidades espaciales y sociales.

La investigación ‘El espacio público en tiempos de COVID-19: Resignificar lo urbano desde el confinamiento’ surgió desde esos primeros minutos en los que la naturaleza humana fue obligada a mantenerse confinada, como un ejercicio de protección y salvaguarda de la vida.

“Pretendemos cuestionarnos sobre cómo estamos ocupando la vivienda y cómo desde el interior percibimos el exterior. La investigación es evolutiva y, por su carácter perceptivo, se está haciendo en varios tiempos, es decir, no serán las mismas percepciones sobre el espacio público las que se tuvieron los primeros días de confinamiento con las que se tienen hoy, cuando esos espacios de ocio e interacción urbana han sido sustituidos por espacios dentro de nuestras casas. Así la casa ha adquirido nuevos códigos y significados y ha empezado a desdibujar la diferencia entre las funciones del espacio público y el espacio privado”, explica Padilla.

El objetivo de este estudio es plantear una pregunta colectiva: ¿cómo esta pandemia redefine nuestra noción de espacio público en todo el sentido del término? El investigador indica que el espacio público ha sido entendido, entre otras cosas, como el lugar en el que se evidencia la calidad de vida de las ciudades, el espacio por excelencia para la sociabilidad y la interacción ciudadana.

Sin embargo, de acuerdo con el investigador, esa área hoy es la ventana, el balcón, la terraza, la azotea. “Por lo menos a la fecha ya han dejado de serlo los parques, bulevares, malecones, plazas. Es entonces que sabemos que la casa ha empezado a suplir y a sustituir esos espacios de interacción, sociabilidad y ocio. Y posiblemente los espacios públicos como los entendíamos y utilizábamos anteriormente no serán, por un tiempo, o quizá para siempre, lo que antes entendíamos de ellos”.

Esta investigación pretende recopilar información, desde la dimensión perceptiva del hábitat doméstico, sobre los asuntos urbanos y de ciudad en los que la vida urbana ha dependido significativamente del espacio público para garantizar todas las dinámicas sociales, económicas, políticas, culturales y ambientales, y que hoy en medio de esta pandemia es un escenario de “peligro” de contagio.

“Se ha defendido históricamente que el espacio público es la vida de las ciudades, pero si ahora miramos desde nuestra ventana los espacios públicos están vacíos, por lo que empiezan a surgir nuevas espacialidades públicas dadas por nuevos comportamientos de interacción social que permiten no solo soportar la situación emocional del confinamiento, sino que fortalecen otros aspectos que por años se han buscado con las intervenciones urbanas, como los lazos de vecinanza. Me refiero a los balcones, los patios interiores de edificios, las terrazas y las azoteas que han cobrado valor para permitir mantener una vida social que soporte la situación”.

Agrega que también resurge desmitificado otro espacio público, el virtual, pues ahora se está más unido y comunicado que nunca a través de la red. La hiperconectividad ha establecido un nuevo escenario para la redefinición del espacio público.

Posiblemente no cambie nada en algunos lugares del mundo, sin embargo, es incierto cuál es el futuro de los espacios públicos.

“Nosotros partimos de la hipótesis de que jamás volverá a ser exactamente como lo conocimos, pues los retos para el urbanismo en las ciudades son grandes. La pandemia ha puesto al descubierto lo mal que están planificadas nuestras ciudades. Se ha criticado incansablemente la masificación del uso de las bicicletas, acusándolas de moda pasajera de millenials, pero hoy gran parte de la planificación de las ciudades posconfinamiento por el coronavirus pasa por la inclusión de infraestructura para este medio de trasporte sostenible, que permitirá mantener baja la tasa de contagios mientras el mundo encuentra una vacuna certera para contrarrestar este virus”.

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